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lunes, 16 de abril de 2012

A cien años del hundimiento del Titanic

Publicamos un aporte de nuestro colega Rodolflo Leandro Plaza
que ha aparecido en el periódico salteño en línea
 El Intransigente el día sábado 14 de abril de 2012.



POR RODOLFO LEANDRO PLAZA NAVAMUEL

A cien años del hundimiento del Titanic
En la fría mañana del 10 de abril de 1912, zarpó del puerto inglés de Southampton con 2.224 pasajeros de primera, segunda y tercera clase, el majestuoso trasatlántico Titanic

ESPECIAL.-La familia Rovira, con arraigo en la provincia de Salta desde 1910, tiene origen catalán, habiéndose radicado una de sus ramas en la República Oriental del Uruguay a mediados del siglo XIX. Uno de sus miembros, pasajero de primera clase en el viaje inaugural del Titanic, murió en la catástrofe del imponente trasatlántico el 14 de abril de 1912. Se trata de don Francisco M. Carrau Rovira, nacido en Montevideo en 1885. Los Carrau tenían también origen catalán y fueron fundadores de una de las compañías navieras privadas más antiguas del Uruguay, Carrau & Cía. fundada en 1843 y que en la década de 1910 ya estaba fuertemente consolidada en el mercado contando como engranaje básico a don Francisco Carrau y Rovira. Francisco, primo hermano del salteño don Juan Carlos Rovira, fue continuador y puntal básico de la empresa paterna Carrau & Cía., y aunque muy joven aún, se desempeñó eficazmente en la dirección de la firma. Falleció a los 27 años de edad en la catástrofe del vapor “Titanic” en la noche del 14 de abril de 1912; viajaba en primera clase junto a su primo José Pedro Carrau de 17 años de edad, quien también fue víctima del naufragio. Su trágica muerte –según tradición familiar- llevó a la conducción de la empresa a su hermano don Pedro Carrau y Rovira, quien con sus hermanos varones Guillermo, Julio y Eduardo, y su primo Pedro Mir y Carrau dirigieron a Carrau & Cía. en aquella instancia.

En la fría mañana del 10 de abril de 1912, zarpó del puerto inglés de Southampton con 2.224 pasajeros de primera, segunda y tercera clase, el majestuoso trasatlántico Titanic, apodado por sus creadores como “El Insumergible” al mando del capitán Edward Jonh Smith. Cuatro días más tarde, el Titanic que solamente había navegado 96 horas, chocó con un inmenso iceberg en las gélidas aguas del Mar del Norte. Se cuenta que “el barco en el último minuto logró evitar el choque frontal, pero no logró evitar que un costado sumergido del iceberg rasgara literalmente el casco como si fuera una tela. Luego, se desencadenó la tragedia: cinco de los compartimientos delanteros de estribor del Titanic se combaron hacia adentro, saltando los remaches e inundándose. Sólo se pudieron embarcar 750 personas de un total de 1.100 cupos que debieran haberse llenado por bote, dándosele preferencia a la primera y segunda clase, mujeres y niños principalmente. El 50% de la tercera clase pereció” .

En la Encylopedia Titanica se hace referencia a don Francisco M. Carrau, de donde transcribimos los siguientes testimonios: “Cuando el Titanic se hundió Mr. Francisco M. Carrau tenía 31 años (en realidad tenía 27 años de edad). Su última residencia fue en Montevideo, Uruguay. Él abordó el Titanic como pasajero de primera clase en Southampton el miércoles 10 de abril de 1912 con el pasaje Nº 113059, £ 47,25. Carrau murió en el hundimiento y su cuerpo nunca fue recuperado (…)” . Alrededor de 700 pasajeros sobrevivieron en los botes salvavidas, pero unos 1.500 perecieron en el hundimiento.
Relato sobre Francisco M. Carrau: Según la Encylopedia Titanica, “el señor Francisco M. Carrau, 28, de Montevideo, Uruguay abordó el Titanic en Southampton como pasajero de primera clase (con el ticket Nº 113059, £ 47,25) junto con su sobrino (¿o primo?) José Pedro Carrau. Francisco Carrau, aunque era muy joven, era miembro activo de la Junta Directiva de una de las tradicionales compañías uruguayas Carrau & Co., conocidos importadores relacionados en negocios marítimos (actualmente la compañía sigue operando en el Uruguay). Antes de morir dejó instrucciones sobre procedimientos empresariales que fueron de mucha utilidad para la década del 50´. Según la leyenda familiar, cuando ellos abordaron el barco, no se les había asignado el camarote, tranquilo, pero con respeto, Francisco se dirigió a una de las autoridades y lo amenazó con hacer un alboroto si no le solucionaban inmediatamente el problema. Aparentemente el camarote fue localizado y asignado. En la noche del hundimiento el Sr. Carrau y su sobrino (primo) fueron observados por un pasajero de segunda clase (sobreviviente) Sr. Julián Padro y Manent, que parado junto a un compatriota uruguayo, Sr. Ramón Artagaveytia, vieron todo el episodio. También fue observado por un pasajero de primera clase, Sr. Elmer Z. Taylor. Pero las opiniones de ambos sobre los eventos eran completamente diferentes. Mientras el Sr. Padro y Manent denunció a los tres hombres relajados y bromistas, el Sr. Taylor que pudo escapar y naufragar junto a su esposa, claramente afirmó que los Carrau no estaban bromeando sobre la situación y parecían completamente alarmados. Los dos hombres murieron y nunca fueron recuperados.

La familia de Carrau Rovira, comenta que don Francisco viajaba en el Titanic acompañado por José Pedro Carrau, como escribiente. Francisco iba en viaje de negocios, tenía 27 años y Pedro 17. Eran dos de los tres pasajeros uruguayos. El otro era Ramón Artagaveytia, de 71 años y mucho mayor que ellos, quien 40 años antes había sobrevivido del naufragio del famoso vapor América en el Río de la Plata. Los tres viajaron en primera clase, como la mayoría de la gente que se salvó; les dieron la primera salida. Los tres dejaron pasar primero a otros pasajeros y los tres murieron. Se comenta que en la nave dos caballeros tomaban las cosas con calma, como si el barco no se estuviera hundiendo. Supuestamente eran Francisco y su sobrino. Efe señala que el acaudalado uruguayo Ramón Artagaveytia, como pasajero de primera clase, tenía derecho a una plaza en uno de los botes salvavidas. Sin embargo, decidió no subirse al bote y fue visto por varios pasajeros en la cubierta del barco junto a otros dos paisanos, los Carrau. Junto a ellos, añade Efe de Madrid, fallecieron decenas de héroes como el capitán del Titanic, Edward Smith, quien dirigió el abandono del buque y luego se encerró en el cuarto de derrota. Y los ocho músicos de la orquesta del Titanic que pusieron música a una de las mayores tragedias náuticas de la historia. En la cubierta del Titanic, murieron haciendo gala de su caballerosidad y valentía, entre otros el mexicano Manuel R. Uruchurtu, el argentino Edgardo Andrew, y los uruguayos Ramón Artagaveytia, Francisco Carrau y José Pedro Carrau, ellos eligieron pasar su última noche, la del 14 al 15 de abril de 1912, escuchando los acordes que tocaba la orquesta mientras el lujoso trasatlántico se hundía frente a las costas de Terranova, e integran la lista de los latinoamericanos que embarcaron en el Titanic, tal y como confirmó una portavoz de la empresa Musealia, empresa que organiza la muestra “Titanic, the
exhibition”.

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