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miércoles, 28 de marzo de 2012

NUEVA PUBLICACIÓN GENEALÓGICA
   


La redacción de ESTUDIOS HISTORICO-SOCIALES DE BUENOS AIRES, con el auspicio del CENTRO DE GENEALOGIA DE ENTRE RIOS y la ASOCIACION ENTRERRIANA “GENERAL URQUIZA” tiene el agrado de invitar a Ud. a la presentación del libro “CATEDRAL DE BUENOS AIRES – REGISTRO DE ÓLEOS Y BAUTISMOS” (1713-1752)”, el día MIERCOLES 11 de ABRIL, a las 19.00 horas, en la sede de la Asociación Entrerriana “General Urquiza”, sita en la calle Güemes 3941 (entre Scalabrini Ortiz y Aráoz) de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

La obra se compone de 500 páginas impresas y contiene la trascripción de 1.937 partidas de oleos y bautismos de españoles del Libro 6 (1713-1720) y 2.081 partidas del Libro 7 (1720-1727).
Completa esta edición un CD-R donde se han copiado 1.201 partidas de óleos y bautismos del Libro 8 (1727-1732), 2.880 partidas del Libro 9 (1732-1747), 788 partidas del Libro 10 (1747-1752) y 314 de la Capilla de Luján – perteneciente a la Catedral - (1714-1730). Al final de una y otra de estas recopilaciones, cuyo relevamiento supera la cantidad de 9.000 partidas, se han confeccionado los respectivos índices alfabéticos con indicación del número donde se encuentra cada una de las partidas, como también los nombres de los progenitores para facilitar la búsqueda.
Esperamos contar con vuestra presencia.

Mariano Espina Rawson – Jorge F. Lima González Bonorino – Luz Ocampo de Saraví – María Adelina Dori Llames Saavedra - Emiliano Tagle Perkins – Aldo Abel Beliera.
http://www.ehsba.blogspot.com/

El precio del ejemplar únicamente para las reservas anticipadas y la venta el día de la presentación fue fijado en $ 90,-
Envíos al interior y exterior del país por Correo Argentino – encomienda clásica en caja (línea Pack Plus). Medio de pago servicio Western Union.
Reservas: belieraa@gmail.com

 

viernes, 4 de junio de 2010

Bernardo de Monteagudo (Cuarta Parte)

Celia Avellaneda de Ibarreche*

Testamento de 1825

“Testamento otorgado por Don Miguel Monteagudo Natural de los Reynos de España”

En nombre de Dios Todopoderoso con cuya grasia y bendission todas las cosas tienen buen prinsipio loable medio y dichoso fin amen sea notorio atodos los que este mi testamento ultima y postrimera bountad bieren como yo Don Miguel Monteagudo natural del la ciudad de Cuenca en los Reynos de España hijo legitimo de Don Pedro Monteagudo y de doña Maria Alejandro mis Padres, ya difuntos que santa gloria haian estando en pie algo achacoso de mis abituales acsidentes; pero en mi entero sano juicio memoria entendimiento natural creiendo como firme y berdaderamente creo en el inefable misterio de la Santisima Trinidad Padre hijo y Espiritu Santo tres personas distintas y un solo Dios berdadero, y en todo lo demás que cree predica y enseña nuestra Santa Madre Iglesia Catolica Romana bajo cuya fe y creensia he vivido y prometo bibir, y morir como catolico fiel Christiano deve esperarla quiero haser y ordenar este mi testamento ante el presente Escribano Publico y de la Patria el qual es en la forma y manera siguiente:
Primeramente encomiendo mi alma a Dios Nuestro Señor que la creo y redimio con su preciossisima sangre pacion y muerte y el cuerpo a la tierra de que fue formado, y mando que llegado el caso de mi fallecimiento sea sepultado mi cuerpo en la parte y lugar que mis Albaseas que abajo nombrare arbitraran acuia boluntad remito la mia, y que mi cuerpo sea amortajado con el uniforme que tengo con misa de Cuerpo presente ciendo ora regular y lo declaro para que conste.
It. mando alas forsosas acostumbradas Santos lugares de Jerusalem redimision de cautivos y nuebas penciones establecidas por la nacion aun real acadauna dellas y los aparte de mis vienes.
It declaro que fui casado y belado segun orden de ntra. Santa Madre Iglessia con doña Catalina Caseres de cuio matrimonio tubimos por nuestro hijo legitimo al Doctor Don Bernardo Monteagudo fuera de diez que fallecieron en tierna edad lo declaro para que conste.
It. declaro que en segundas nupcias actualmente soy casado con doña Manuela Azuaga de cuio matrimonio no hemos tenido ni procreado hijos algunos haviendo traido la suso dicha una ropa desente y algunas cosas de su servicio que todo podria haver importado como trescientos pesos todos estos se han cosumido en nuestra mantenssion y gastos continuos en mis acsidentes lo que declaro para que const.e
It. declaro que en la presente ocassion no tengo ningunos vienes por haverme redusido la suerte auna lastimosa miseria, y aunque en el testamento que tengo otorgado anteriormente al presente escribano en dies y nuebe de septiembre del año pasado de mil ochocientos diez y nuebe declare todo lo que consta y aparese en el estos se han disipado enteramente con motibo de los diferentes robos ysaqueos que he padecido como es público y notorio lo que declaro para que conste.
Iten declaro que de publico y notorio se dize que (el) referido mi hijo el Dr. Don Bernardo Monteagudo fallesio intestado en la ciudad de Lima de resultas de un asesinato que executaran en su persona mas como no ha benido por parte oficial de este acontecimiento y solamente funestas notisias boladoras, tube por conbeniente balerme de personas de todo respeto de esta ciudad aberiguasen la berdad por medio de señor Supremo director o libertador aquien de mi parte se le escribio y en el caso de que se realice esta fatalidad soy acreedor a todos los vienes muebles y raisses que hubieran quedado por muerte del referido mi hijo como legitimo padre suyo, y con esta misma fecha tengo conferido mi Poder general al Señor Don Francisco Ugarte persona de mi integra satisfaccion y confianza , por la distinssion que a hecho en mi persona , y porque ha tenido la generosidad y consideracion de estarme socorriendo mis urgentes necesidades para que enbirtud de las instrucssiones que le tengo dadas prosceda al arreglo de todos mis interesses hassiendo para el efecto quantas gestiones fuesen necesarias en los Tribunales Superiores e inferiores ante quienes pueda tocar, y conoser el conocimiento de las causas que se puedan inissiar lo que declaro para que conste.
It. mando que de la poca o mucha cantidad que se reconociere hacer la distribussion en la clausula correspondiente a este testamento.
It. declaro que debo a Don Bernardo Cassibe y Ribacoba la cantidad de ciento y tres pessos mando que siempre y cuando se recojan los referidos vienes se le satisfaga.
Y para cumplir y pagar este mi testamento y lo en el contenido instituio elijo y nombro por mis Albaceas tenedores de vienes y executores testamentarios en primer lugar al Señor Don Francisco Ugarte y en segundo a mi mujer Doña Manuela Azuaga y en tercero al Mr.Dr.Don Agustín Molina para que cada uno en su tiempo y su caso dentren en la administración y manejo de los futuros vienes que dejo y los administren según derecho y usen de este Albaceazgo aunque sea pasado el año y dia que el dispone sobre el que les prorrogo todo el demás tiempo que necesitasen amas del permitido. Y en el remanente que quedare de todos mis vienes deudas derechos y acsiones y futuras subsesiones. que en qualquier manera me toquen y pertenezcan instituio elijo y nombro por mis unicos y universales herederos en primer lugar ami alma y en segundo la de mi hijo don Bernardo para que la hereden conla vendicion de Dios y la mia debiendose haser primero y ante todas cosas quatro partes las dos para mi alma, y la de mi hijo la tersera para mi muger Doña Manuela Azuaga y la quarta parte para los costos y gastos que se haian de haser en todas las instansias sin cargo de residencia a persona alguna. Con lo qual reboco y anulo doy por ningunos de ningun balor fuerza ni efecto otros qualesquier testamento codicilos poderes para testar que antes de este hubiese hecho y otorgado por escrito o de palabra para queno balgan ni hagan fee judicial ni extrajudicialmente salbo este que aora otorgo ante el presente escribano Público y de la Patria el qual quiero se guarde cumpla y execute por mi ultima y deliberada boluntad que es pho en esta ciudad de San Miguel de Tucumán a los veinte dias del mes de mayo de mil ochocientos veinte y cinco años. Y el otorgante ante quien yo dicho escribano doy fee que conozco estar en pie y en su entero sano juicio memoria y entendimiento natural segun las preguntas y repreguntas que le hise y el consiente con que manifesto esta su voluntad assi lo dijo otorgo y no firmo por hallarse con la mano demasiadamente tremula por lo que rogó a uno de los testigos que para este efecto fueron llamados y rogados y los fueron el Sr. Don Manuel Monteagudo actual jues de Alsadas en esta Don Hemenegildo Rodriguez y Don Pelaio Arozena presentes – entre renglones Mr Dr. Don Agustin Molina – vale – A ruego del otorgante y como testigos
Jose Manuel Monteagudo – Testigo Hermenegildo Rodríguez -Testigo Celayo Arozena
Marcos Paravissino – Escribano Público y de la Patria

Poder de Don Miguel Monteagudo a Don Francisco Ugarte
En la ciudad de San Miguel del Tucumán a veinte de mayo de mil ochocientos veinticinco, ante mi el Escribano Público y de la Patria y de los testigos que adelante irán nombrados pareció ... Don Miguel Monteagudo, vecino de cuyo conocimiento doy fe y dijo que da todo su poder cumplido bastante cual se requiera para mas valer al Sr. Cnel. D. Francisco Ugarte especial para que en nombre del otorgante y representando su misma persona acción y derecho pueda proceder al recojo de todos y cualesquiera muebles y raíces que hubiesen quedado con motivo de la muerte intestada de su legítimo hijo el Dr. D. Bernardo Monteagudo haciendo para efecto todas las peticiones necesarias antes cualesquier justicia y jueces de la nación recibiendo los dichos bienes por inventario formal para que conste otorgando en el particular los correspondientes recibos y cartas de pago en forma con fe de entrega o sin ella y renunciación de la non numerata pecunia no siendo ante escribano que la de los cuales valgan sean tan firmes y bastantes como dados y conferidos por parte legítima.
Y le da mas poder para que pueda vender los bienes, alhajas de oro plata labrada y otros muebles y raíces por la cantidad que le pareciere y tuviere por conveniente todo con sujeción y arreglo a sus instrucciones sin omitir diligencia que coadyuve a favor del compareciente pues cuanto en virtud de este poder actuare desde luego apruebo y ratifico como si presente se hallare a su facción.
Item le da mas poder para que pueda transar cualesquier asuntos que se le pueda presentar así en lo principal como en lo incidente remitiéndose en caso necesario a la decisión de jueces árbitros, arbitradores y amigables componedores para estar y pasar por la determinación laudo o sentencia que los susodichos pronunciaren otorgando en el particular las escrituras de compromiso bajo de la pena convencional que se instipulare y concertare últimamente le damos poder generalmente para en todos sus pleitos causas y negocios civiles y criminales eclesiásticos y seculares

CONCLUSIÓN

A pesar de que Da. María Catalina Cáceres de Monteagudo declara haber tenido once hijos más que murieron en tierna edad no he podido encontrar ninguno de los bautismos por lo que adhiero a la sugerencia de mi amigo Alejandro Moyano Aliaga de que tal vez haya tenido incompatibilidad sanguínea con su marido Don Miguel Monteagudo y deben haber muerto a poco de nacer.
La familia pertenecía a la segunda clase, o sea la de los oficiales, mecánicos y comerciantes al menudeo, en América dicha clase tuvo un rango mucho más elevado que en Europa, incluso fue considerada de estado libre, con todos los derechos inherentes a una casta superior, aunque no noble, y no gravitaban sobre ellos los pesados impuestos que pagaban en Europa. Además pudo gozar “del derecho de tener esclavos”.
Es de notar que en su segundo Testamento Don Miguel Monteagudo ya no declara bienes y tampoco tiene acreedores por lo que es evidente que su apoderado Don José Manuel Terán, que era conocido por la gran prolijidad con que rendía sus cuentas, le pagó los $ 240 correspondientes a la venta de la esclava María en la ciudad de Catamarca. Tampoco hace mención a muebles y ni siquiera a los cuadros sagrados enumerados en su primer testamento entre las dos pistolas y el capotón lo que refleja la gran pobreza en la que se encontraba.
El testigo José Manuel Monteagudo (n. hacia 1789 + el 10-9-1843 de 53 años c.c. Da. Luisa Villagra hija de Miguel Villagrán y Mauricia Juárez s.s. tenían un hijo de crianza llamado Antonio + de ¿70 años el 29-9-1845? s/Ventura) (hay otro José Manuel Monteagudo c.c. Bernabela Villagra López - que firma el segundo testamento era primo suyo, hijo de Francisco y de “mujer soltera” como consta en el testamento de este último (Protocolos Serie A- 1815 – fs. 127 e hijo de D. Antonio Monteagudo y Da. Micaela Ferrin?), en donde declara ser natural de Galicia y de estado soltero


Fuentes Documentales

Protocolos Serie B – fs. 174 – Año 1819 - Archivo Histórico de Tucumán
Sección Administrativa – Vol. 23 – Archivo Histórico de Tucumán
Archivo Nacional de Bolivia - Sucre

Bibliografía

San Miguel de Tucumán – Las Calles y sus Nombres” – Ventura Murga y Carlos Páez de la Torre – Editado por La Gaceta – 1981.
“Tucumán y el Derecho – Sus conexiones Histórico-Políticas” - Lauro N. Fagalde – Secretaría de Post –Grado – U. N. T. – 1989.
“Lugar y fecha del nacimiento de Monteagudo” – Estratón J. Lizondo – Diario La Gaceta 16-8-1987.
“La cuna de Monteagudo”, Carlos Salas en la Revista de Estudios Hist. de Mendoza, N° 9 – Tomo II.
“El rostro de Monteagudo”, Carlos Páez de la Torre – Diario La Gaceta 27-8-1999.

* Miembro de Número del Centro de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Tucumán.
Agradezco especialmente a Don Ventura Murga por su generosidad y ayuda en el presente trabajo.

Bernardo de Monteagudo (Tercera Parte)

Celia Avellaneda de Ibarreche*

TESTAMENTAMENTO DE DON MIGUEL MONTEAGUDO
Copia fiel del original)

Primer testamento hecho el 9 de Septiembre de 1819

Sello tercero para los años noveno y décimo de la Libertad, mil ochocientos y diez y ocho y mil ochocientos diez y nueve.
1813 Sup. Poder Executivo de las Prov. Unidas del Río de la Plata

En el nombre de Dios Todopoderoso con cuia gracia y bendición todas las cosas tienen buen principio, loable medio, y dichoso fin Amén. Sea notorio a todos los que ante mi testamento última y postrimera voluntad vieren como yo Dn. Miguel Monteagudo natural de la Ciudad de Cuenca hijo legítimo de Dn. Pedro Monteagudo, y de Da. María Alexandró mis Padres ya difuntos, que santa gloria haian: estando enfermo en cama del accidente, que Dios nuestro Señor ha sido servido de embiarme, pero en mi entero juicio, memoria, y entendimiento natural, creyendo como firme, y verdaderamente creo en el inefable Misterio de la Santísima Trinidad Padre, Hijo, y Espiritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, y en todo lo demás que creé, predica y enseña nuestra Santa Madre Yglesia Catolica, Apostolica, Romana, baxo de cuia fé y creencia he vivido, y prometo vivir, y morir como Catolico, y fiel Chistiano, y temiendome de la muerte, que es cosa natural á toda viviente criatura, y la hora de su venida incierta propendiendo a que esta me coja a la prevencion, que todo christiano debe esperarla, quiero hacer, y ordenar este mi testamento ante el presente Escribano, el qual es en la forma, y manera siguiente:
Primeramente: encomiendo mi alma á Dios nuestro Señor, que la crió y redimió con su preciosisima sangre, pasion y muerte, y el cuerpo á la tierra de que fue formado, y mando, que llegado el caso de mi fallecimiento sea sepultado mi cuerpo en la Santa Yglecia de la Matris de esta Ciudad con oficio cantado, y amortajado con el uniforme de Capitan del primer Batallon de la Ciudad de la Plata
Ytt. Mando á las forsosas acostumbradas santos lugares de Jerusalem, y nuevas penciones establecidas á estos piadosos fines á dos reales cada una de ellas con que los aparto de mis bienes.
Ytt. Declaro , que fui casado, y velado segun orden de nuestra Santa Madre Yglesia con Da. Catalina Caseres, de cuio matrimonio tubimos y procreamos por nuestros hijos legitimos á los dies de ellos, que fallecieron en tierna edad, y solo existe en el dia el Dr. Dn. Bernardo José de Monteagudo, lo que declaro para que conste.
Ytt. Declaro, que al tiempo, y quando contraxe el referido matrimonio no hubieron bienes dotales por una, ni otra parte, á exepcion de un corto principal que tubimos entreambos, con los quales principiamos á trabajar para el sosten de nuestro matrimonio. Y aunque logramos haver adelantado algun dinero, estos se han consumido en los diversos contrastes, que ha padecido el referido Dor. mi hijo por la Patria, la perdida de algunos intereses en los caminos con motivo de las varias emigraciones, que he tenido, lo que declaro para que en todo tiempo conste.
Ytt. Declaro por mis bienes una negra nombrada Maria, que se halla en la Ciudad de Catamarca vendida en la cantidad de doscientos quarenta pesos por mano de mi apoderado el Sór Tesorero Dn. José Manuel Terán, cuio cobro no he recibido hasta el dia, y mando, que mi Albaceas que abajo nombrare procedan a su recaudacion, y se tenga por mi bienes .
Ytt. Declaro por bienes existentes en mi poder sesenta pesos en dinero efectivo, media dosena de platos, dos fuentes, ocho cubiertos, un zahumador, una olla chica, un brasero de plata, una cabezada y un pretal, un relox de mi uso, un par de charreteras de oro de ombros, una espada con guarnicion de plata, un par de pistolas, la Sacra Familia en lamina de plata, la Purisima Concepcion de María Santísima con su arco plata, un lienso de N. S. del Rosario Santa Catalina Virgen en otro lienso, un vulto de San Roque, otro de Sta. Rita, un capoton nuevo de paño.
Ytt. Declaro , soy casado y velado segun orden de nuestra Madre Yglesia en segundas nupcias con Da. Manuela Azuaga, de cuio matrimonio no he tenido, ni procreado hijos algunos, y al tiempo que lo efectue no hise capital de los cortos bienes que existian en mi poder, haviendo traido al matrimonio la susodicha una ropa decente que se halla en su poder, no haviendo adelantado en el comercio de Pulperia cosa alguna antes si disipandose en mucha parte en el pago de alquileres, pensiones y mantención de nuestras personas.
Ytt. Declaro, la Pulperia que se halla en la Casa donde actualmente me hallo enfermo y todos los efectos y utensilios, que se hallan en ella se debera tomar una razon por mis Albaceas.
Ytt. Declaro, que por la Misericordia de Dios no debo á persona alguna, pero si pareciere algun credito por mi contrahido, justificado, que sea se pague de mis bienes y para cumplir, y pagar este mi testamento, y lo en el contenido instituio, elijo y nombro por mi Albaceas tenedores de bienes, y executores testamentarios en primer lugar á la referida mi muger Da. Manuela Azuaga, en segundo á Dn.. Lorenzo Dominguez, y en tercero á Dn. Juan José Gonsales, a los tres juntos, y á cada uno de ellos de por si, y por el todo in solidum con igual facultad para que lo que la una empesaxe, los otros le medien, fenescan, y acaben y por el contrario les doy todo el poder que de derecho se requiere, y es necesario prorrogandoles todo el demas tiempo, que necesitaren á mas del permitido.
Y en el remanente que quedare de todos mis bienes, deudas, derechos y acciones, y futuras succesiones, que en qualquier manera me toquen, y pertenescan instituio elijo y nombro por mi universal heredero al expresado mi hijo D. D. Bernardo Monteagudo, debiéndose entender que del cumulo total de mi bienes se han de hacerse tres partes iguales, la una para el susodicho, la otra para la expresada mi muger en compensacion del amor, y buena voluntad con que me ha servido, y la otra para que se invierta en utilidad y provecho de mi alma. Con lo qual revoco y anulo, doy por ningunos, de ningun valor, fuersa, ni efecto, otros qualesquiera testamentos codicillos, poderes para testar, que antes de este hubiese hecho, y otorgado por escrito, ó de palabra para que no valgan ni hagan fé judicial, ni extrajudicialmente salvo este, que ahora otorgo ante el presente Escribano de la Patria el qual quiero se guarde, cumpla, y execute por mi ultima y deliberada voluntad. Que es phecho en esta ciudad de Sn. Miguel del Tucumán a nueve dias del mez de septiembre de mil ochocientos diez y nueve años. Y el otorgante quien yo el dho Escribano doy fé que conozco estando al parecer en su entero y sano juicio, memoria y entendimiento natural segun las preguntas, y repreguntas, que le hice, y el concierto con que manifestó esta su voluntad, asi lo dixo, otorgó, y firmó con los testigos, que por este efecto fueron llamados, y rogados y los fueron Dn. Antonio Valle, Dn. Juan José Vico y Dn. Mariano San = Martin presentes de que doy fé = enmendado = ocho = Miguel vale = testado de primera no vale. En este estado habiendosele leido el contenido de este instrumento al otorgante á presencia de los testigos arriba mencionados; y dandole á firmar no lo pudo hacer por tener el pulso tremulo, por lo que rogó á Dn. Antonio Valle lo hiciera por el de que doy fé
A ruego del otorgante y como testigo – Antonio Valle
Testigo Juan José E. Vico
Mariano Sn. Martin
Ante mi Marcos Paravissino – Escribano de la Patria



TESTAMENTO DE DON MIGUEL MONTEAGUDO
(Versión moderna)


En el nombre de Dios Todopoderoso con cuya gracia y bendición todas las cosas tienen buen principio, loable medio, y dichoso fin Amén. Sea notorio a todos los que ante mi testamento última y postrimera voluntad vieren como yo Don Miguel Monteagudo natural de la Ciudad de Cuenca hijo legítimo de Don Pedro Monteagudo, y de Da. María Alexandró mis Padres ya difuntos, que en santa gloria hayan: estando enfermo en cama del accidente, que Dios nuestro Señor ha sido servido de enviarme, pero en mi entero juicio, memoria, y entendimiento natural, creyendo como firme, y verdaderamente creo en el inefable Misterio de la Santísima Trinidad Padre, Hijo, y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, y en todo lo demás que creé, predica y enseña nuestra Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica, Romana, bajo de cuya fe y creencia he vivido, y prometo vivir, y morir como Católico, y fiel cristiano, y temiéndome de la muerte, que es cosa natural a toda viviente criatura, y la hora de su venida incierta propendiendo a que esta me coja a la prevención, que todo cristiano debe esperarla, quiero hacer, y ordenar este mi testamento ante el presente Escribano, el cual es en la forma, y manera siguiente:
Primeramente: encomiendo mi alma á Dios nuestro Señor, que la crió y redimió con su preciosísima sangre, pasión y muerte, y el cuerpo a la tierra de que fue formado, y mando, que llegado el caso de mi fallecimiento sea sepultado mi cuerpo en la Santa Iglesia de la Matriz de esta ciudad con oficio cantado, y amortajado con el uniforme de Capitán del primer Batallón de la Ciudad de la Plata.
Igualmente mando a las forzosas acostumbradas santos lugares de Jerusalén, y nuevas pensiones establecidas a estos piadosos fines a dos reales año cada una de ellas con que los aparto de mis bienes.
Igualmente declaro , que fui casado, y velado según orden de nuestra Santa Madre Iglesia con Da. Catalina Caseres, de cuyo matrimonio tuvimos y procreamos por nuestros hijos legítimos a once, los diez de ellos, que fallecieron en tierna edad, y solo existe en el día el Dr. Don Bernardo José de Monteagudo, lo que declaro para que conste.
Igualmente declaro, que al tiempo, y cuando contraje el referido matrimonio no hubieron bienes dotales por una, ni otra parte, á excepción de un corto principal (sic) que tuvimos entre ambos, con los cuales principiamos a trabajar para el sostén de nuestro matrimonio. Y aunque logramos haber adelantado algún dinero, estos se han consumido en los diversos contrastes, que ha padecido el referido Doctor mi hijo por la Patria, la pérdida de algunos intereses en los caminos con motivo de las varias emigraciones, que he tenido, lo que declaro para que en todo tiempo conste.
Igualmente declaro por mis bienes una negra nombrada Maria, que se halla en la Ciudad de Catamarca vendida en la cantidad de doscientos cuarenta pesos por mano de mi apoderado el Sr. Tesorero Don José Manuel Terán, cuyo cobro no he recibido hasta el día, y mando, que mi Albacea que abajo nombrare procedan a su recaudación, y se tenga por mi bienes.
Igualmente declaro por bienes existentes en mi poder sesenta pesos en dinero efectivo, media docena de platos, dos fuentes, ocho cubiertos, un sahumador, una olla chica un brasero de plata, una cabezada, un pretal, un reloj de mi uso, un par de charreteras de oro de hombros, una espada con guarnición de plata, un par de pistolas, la sagrada Familia en lámina de plata, la Purísima Concepción de María Santísima con su arco de plata, un lienzo de N. S. del Rosario, Santa Catalina Virgen en otro lienzo, un bulto de San Roque, otro de Sta. Rita, un capotón nuevo de paño de primera.
Igualmente declaro, soy casado, y velado según orden de nuestra Madre Iglesia en segundas nupcias con Da. Manuela Azuaga, de cuyo matrimonio no hemos tenido, ni procreado hijos algunos, y al tiempo que lo efectué no hice capital de los cortos bienes que existían en mi poder, habiendo traído al matrimonio la susodicha una ropa decente que se halla en su poder, no habiendo adelantado en el comercio de Pulpería cosa alguna antes si disipándose en mucha parte en el pago de alquileres pensiones y manutención de nuestras personas.
Igualmente declaro, la Pulpería que se halla en la Casa donde actualmente me hallo enfermo y todos los efectos y utensilios, que se hallan en ella se deberá tomar una razón por mis Albaceas.
Igualmente declaro, que por la Misericordia de Dios no debo a persona alguna, pero si pareciere algún crédito por mi contraído, justificado, que sea se pague de mis bienes y para cumplir, y pagar este mi testamento, y lo en el contenido instituyo, elijo y nombro por mi Albaceas tenedores de bienes, y ejecutores testamentarios en primer lugar a la referida mi mujer Da. Manuela Azuaga, en segundo a Don Lorenzo Domínguez, y en tercero a Don Juan José Gonzáles, a los tres juntos, y a cada uno de ellos de por si, y por el todo in solidum con igual facultad para que lo que la una empezase los otros le medien, fenezcan, y acaben y por el contrario les doy todo el poder que de derecho se requiere, y es necesario prorrogándoles todo el demás tiempo, que necesitaren a mas del permitido.
Y en el remanente que quedare de todos mis bienes, deudas, derechos y acciones, y futuras sucesiones, que en cualquier manera me toquen, y pertenezcan instituyo elijo y nombro por mi universal heredero al expresado mi hijo Dr. Don Bernardo Monteagudo, debiéndose entender que del cúmulo total de mi bienes se han de hacer tres partes iguales, la una para el susodicho, la otra para la expresada mi mujer en compensativa del amor, y buena voluntad con que me ha servido, y la otra para que se invierta en utilidad y provecho de mi alma. Con lo cual revoco y anulo, doy por ningunos, de ningún valor, fuerza ni efecto, otros cualesquier testamentos, codicilos, poderes para testar, que antes de este hubiere hecho, y otorgado por escrito, o de palabra para que no valgan ni hagan fe judicial, ni extrajudicialmente salvo este, que ahora otorgo ante el presente Escribano de la Patria el cual quiero se guarde, cumpla, y ejecute por mi ultima y deliberada voluntad. Que es fechado en esta ciudad de San. Miguel del Tucumán a los nueve días del mes de septiembre de mil ochocientos diez y nueve años. Y el otorgante a quien yo el dicho Escribano doy fe que conozco estando al parecer en su entero y sano juicio, memoria y entendimiento natural según las preguntas, y repreguntas, que le hice, y el concierto (?) con que manifestó esta su voluntad, así lo dijo, otorgó, y firmó con los testigos, que por este efecto fueron llamados, y rogados y los fueron Don Antonio Valle, Don Juan José Vico y Don Mariano San = Martín presentes de que doy fe = enmendado = ocho = Miguel vale = testado de primera no vale. En este estado habiéndosele leído el contenido de este instrumento al otorgante á presencia de los testigos arriba mencionados; y dándole a firmar no lo pudo hacer por tener el pulso trémulo, por lo que rogó a Don Antonio Valle lo hiciera por él de que doy fe
A ruego del otorgante y como testigo – Antonio Valle
Testigo Juan José E. Vico
Mariano San Martin
Ante mi Marcos Paravissino – Escribano de la Patria

* Miembro de Número del Centro de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Tucumán

Bernardo de Monteagudo (Segunda Parte)

TESTAMENTO DE DA. MARÍA CATALINA CÁCERES MONTES DE OCA DE MONTEAGUDO
(Copia fiel del original)
EP. 377 de Guillermo Calvo
Septiembre 23 de 1812
Se encuentra en el Archivo Nacional de Bolivia – Sucre

En el Nombre Santísimo de Dios todo Poderoso con cuya gracia, y bendición todas las cosas tienen buen prinsipio loable medio, y dichoso fin Amen. Sea notorio á los que este Testamento bieren, como yo Da. Maria Catalina Cáseres Montes de Oca, natural de la ciudad de Jujuy, hija legma. de Dn. Baltasar Caseres Montes de Oca, y de Da. Micaela Bramajo, mis padres yá finados qe. Sta. gloria hayan Hallándome enferma del accidente que Dios Ntro. Sór. sehá servido embiarme, pero en mi pleno juicio memoria, y entendimiento natural creyendo como firmemente creo, y confieso el incomprehencible misterio dela Santísima Trinidad, Padre Hijo Espiritu Sto. tres Personas distintas, y un solo Dios verdadero, y todos los demas misterios, y Sacramentos que cree, confiesa, y predica Ntra. Sta. Madre Yglesia Católica Apostólica Romana, bajo de cuya feé, y creencia hé vivido, y profesado vivir, y morir, como catolica, y fiel christiana, imbocando por mi Abogada, y Protectora, ála siempre Virgen María Santíssima, Madre de Dios y Señora Nuestra, concevida, simpecado original, juntamente al Santo Angel de mi Guarda, alade mi nombre, y Abogada, puesto en la Pila, que es Santa Catalina, y por devoción ál Sr. San José, y demas que son mis devotos, para que intercedan con su divina Majestad, que usando de su gran misericordia tenga piedad demi Alma, perdone mis grandes culpas, yla lleve ácarrera de Salvación Ypor quanto la muerte és sierta, y natural átoda criatura viviente, y su óra incierta, para qe. esta no me coja desprevenida a lo que conduce al descargo de mi conciencia, quiera hacer, y otorgar mi Testamento; y poniéndolo en éfecto, en aquella forma que mass haya lugar en dcho., lo hago enla manera sigte.
Primeramente encomiendo mi Alma á Dios Ntro. Sor. quela creó dela nada ásu imagen y semejanza yla dedimio con el precio infinito de su preciosísima sangre pasión y muerte, y el cuerpo ala Tierra de que fue formado, el qual sucediendo mi fallecimiento sea sepultado en la Iglecia del combto. de Ntra. Sra. de la Merced, amortajado con el Abito de aquélla Sagrada Religión que ya lo tengo comprado de ante mano, deviendo ser mi entierro sin pompa ni banidad, sino muy humilde, y moderado encargando amis Albaceas que todo lo que se áorrase delo superfluo lo imbiertan en Misas, y Sufragios ábeneficio de mi Alma enla forma que ya les tengo advertido insumiendo en estos objetos el valor de una Negrita Esclava que dejo destinada para ello.
Yt. álas mandas forzosas delos Santos Lugares de Jerusalem, y Redemcion delos cautivos christianos, mando se dén ápeso ácada una, como igualmente tres pesos ála manda forsosa que previene la ultima Rl. Cedula de seis de Julio de mil ochocientos onze, que deveran entregar mis Albaceas ála persona que destinase el Gobierno, bajo del corresponte. Recibo.
Yt. declaro que soy casada, yVvelada según orden de Ntra. Sta. Madre Yglesia con D. Miguel Monteagudo, en cuyo matrimonio tuvimos, y procreamos doce hijos, y haviendo fallecido en tierna edad los onze de ellos, en el dia solo vive el Dr. D. Bernardo Monteagudo, Abogado deesta Rl. Auda. que sehalla en lá capital de Buenos Ayres, á quien lo declaro por tal mi hijo legmo. y del expresado mi marido. Y aunqe. a nuestro matrimonio introdugimos novecientos pesos quinientos por mi pte. y quatrocientos porla de mi esposo se han insumido, y ácavado en fomentar, y sobstener los gastos hechos enla carrera Literaria y Grado de Dor. de dicho nuestro hijo en qe. tambien hemos combertido lo poco que seha adquirido en el giro de ntro. travajo, por manera que en el dia porlos contratiempos qe. ha experimentado mi casa no tengo mas bienes que la poca ropa, y muebles demi uso que boy ámanifestar en la sigte. clausula.
Yt. declaro por mis bienes siete camisas nuevas de bretaña fina; un par de savanas de Bramante nuevas; dos pares id. de Tocuyo el un par nuevo y el otro ya vejo; un mantel de Mojos nuevo con una servilleta suelta; otro mantel de Cochabamba tambien nuevo; un ropaje completo de Angaripola pa. cama; una colcha de espolin de ceda rosada con bobo de tafetan celeste, y forro de Angaripola; otra colcha de Saraza blanca dela China con fleco de sinta asúl, y forro de bramante; una Pollera de coco de algodon; otra id. de saraza nueva; una Saya usada de fondo negro con forro de Angaripola; una Ymagen en bulto pequeño dela Purísima con su coronita, y media luna de plata, y gargantilla con veinte perlas finas menudas; Dos Revosos blancos nuevos de Bayetilla; un Paño de manos anarangado de Lienzo; Quatro corpiños, los tres de bramante, y el uno de cotonia; Un Abito de Ntra. Sra. del Carmen de Casimir nuevo con su escapulario, y Jubon; Un Revoso de Bayetilla celeste con sinta celeste al extremo; una Pollera de Bayetilla rosada; Un revoso de Bayeta ámarilla; Una sobre mesa de genero de algodon entre á sul, y blanco con fleco de lo mismo; Quatro fustanes, tres de Tocuyo y uno de Bramante; Dos fundas de Almuada; un plato deplata, y un poro? de lo mismo; Un par de Baules de Baqueta, con chapas, y Llaves corrientes; Dos Petacas de Suela; Dos mesas ordinarias, La una chica, y la ótra mas grande ambas con cajon, y Llave, y una Plancha Española y una Sierra.
Yt. declaro por mis bienes una Negrita Esclava llamada Maria Josefa que compré de Dn. Manuel Iturriche, en quatroscientos veinte y cinco pesos, como consta de su Escritura que existe en mi Poder, y mando, qe. vendiendola mis Albaseas en la misma cantidad costeen con su importe los gastos de mi funeral, Misas, y entierro, segun tengo prevenido en la primera claúsula deeste Testamento.
Yt. declaro qe. por via de seguridad puse en poder de Dn. Matias Molina un freno mular con doble corcojas deplata, y mando se recoja, y en su defecto sele cobre los siete p. de su importe.
Yt. declaro que éxisten en poder como pertenecientes ámi hijo el Dór. Don Bernardo Monteagudo diez y nueve Libros depasta de diferentes autoress; Dos id deáfolio, bocabulario Ytaliano en pergamino; Nueve Libros apergamino de áquarto y octavo de distintas óbras; un capirote completo de terciopelo negro nuevo; una chupa y calson de Terciopelo árrayado detraje de Abogado, y una Golilla en una bolsa de damasco carmesi, todo lo qual mando se venda con algun áprecio, y quando no se proporcione permanesca existente á dispocicion de dho. mi hijo.
Yt. declaro que porla misericordia de Dios no devo cantidad alguna áninguna Persona, ni tampoco a mi me deven a exsepcion detal qual pico que por su cortedad no se expecifica, de que instruyere a mis Albaceas para su cobro, como tambien de algunos bienes de los que ban apuntados qe. acaso pudiera ir vendiendolos pa. los gastos de mi emfermedad y curacion afin de que sucedido mi fallecimiento realicen los existentes que quedaren.
Y para cumplir y pagar lo contenido en este Testamto. nombro por mis Albaseas en primer lugar al Dór. Dn. Ignacio Bargas, Prer? en Segdo. á Dn. Alexandro Urquisa, y en tercero á Dn. Pedro Sanches, para que entren en este Albaseasgo, recojan y vendan mis bienes extrajudicialmte. para loqual les confiero todo el Poder que por dho. se requiere, y les prorrogo el dro. legal del Albaseasgo á todo el demas tiempo que nececiten.
Y en el remanente que quedare de mis bienes deudas, deros. y acciones, y ótras futuras succeciones que en qualquiera manera me toquen, y pertenescan, instituyo por mi universal heredero al expresado mi hijo Dór. Don Bernardo Monteagudo, para que los herede conla vendicion de Dios, y la mia, pero si el falleciere primero que yó, y si como hombre fragil huviere tenido algun hijo, sea este el heredero, sobre lo qual se harán las respectivas diligencias que acrediten de un modo induvitable la sertidumbre, y realidad dela filiacion dela prole que tuviere dhó. mi hijo, y si no la tuviere, verificado el caso de qe. el fallesca antes que yo, en ése evento instituyo por heredero al citado mi marido Dn. Miguel Monteagudo.
Con lo qual revoco, y ánulo ótras dispociciones Testamentarias que antes deáhora huviese hecho por Escto. o de palabra para qe. no valgan ni hagan fe Judicial ni extrajudicialmte. salvo este qe. aóra ótorgo ante el presente Escno. de Su Magd. el qual quiero se guarde cumpla y éxecute por tal mi Testamto. ultima, y deliverada voluntad o e la forma que mas haya lugar en dr. Que es fecho enla ciudad de La Plata en veintitres de Septiembre de mil ochocientos y doce años. Y la otorgte. aquien yo dho. Escno. doy fee que conosco estando en su pleno juicio, memoria, y entendimiento natural, segun el concierto con qe. contextó álas preguntas que le hize relativas á su ultima dispocicion ássi lo otorga, y no firma por no saver, y a su ruego lo hizo uno delos tgos. que concurrieron áeste acto siendolos Don Bernardo Nuñez, Dn. Manuel Ximenes, y Antonio Torres, vecinos de esta ciudad.
Entre rengs. =celeste = ve. = Testda. = vasada = no oc =
A ruego dela otorgante y como tgo. Manuel Ximenes
Tgo Joseph Berndo. Nuñez – Tgo. Antonio Torres
Ante mi Mariano Pimentél –Escno.

Bernardo de Monteagudo (Primera Parte)

Celia Avellaneda de Ibarreche*

INTRODUCCION

Nunca pensé que algún día escribiría sobre el prócer americano nacido en Tucumán D. Bernardo de Monteagudo con quien no me ligan lazos familiares y cuya trayectoria desconocía por completo.
Sin querer y revisando testamentos en Archivo Histórico de Tucumán encontré el primero que redactó su padre Don Miguel Monteagudo en 1819. Me impactó el patriotismo y la entrega total a su tierra de adopción que dicho testamento refleja y su acendrado catolicismo que lo llevó a destinar el tercio de sus bienes a la celebración de misas por su alma y, en el segundo testamento de 1825, también por la de su hijo.
Si bien este no es un trabajo estrictamente genealógico creo que puede contribuir a que se despejan dudas sobre el origen del prócer ya que, me imagino que con intención algo aviesa, algunos decretaron su ascendencia mulata, basada únicamente en un retrato no demasiado claro, que se dice es el auténtico y tal vez no lo sea, y sin ningún otro dato fehaciente que lo documentara. No olvidemos que durante años se lo representó con un retrato que en realidad era copia de uno del doctor Bernardo Vera y Pintado y que, aún historiadores como Pacho O´Donnell y Félix Luna, han ilustrado las tapas de sus respectivos libros con esa imagen apócrifa surgida del comentario que el Gral. Gerónimo Espejo le hizo al historiador Mariano Pelliza de que Monteagudo era parecido a Vera y Pintado y que dicho historiador usó para ilustrar su libro sobre el prócer.
Por no ser su biografía demasiado difundida, a pesar de su entrega total a la causa de la emancipación americana y de haber sido un estrecho colaborador del General San Martín, me pareció conveniente esbozarla brevemente antes de transcribir los testamentos de su padre.

BIOGRAFÍA DEL DR. BERNARDO JOSÉ MONTEAGUDO

Intervino en las luchas por la liberación del territorio que hoy ocupan cuatro repúblicas, algunas de las cuales se disputaron el honor de tenerlo por hijo, pero él mismo declara, siendo prisionero de los realistas en la provincia de Charcas el 1° de Junio de 1809, tener 19 años y ser natural de la ciudad de San Miguel de Tucumán.
Nació en Tucumán en 1789, posiblemente el 20 de Agosto, según la tradición oral recogida por los vecinos D. Florencio Sal y el Obispo Moisés Aráoz. Además de la fecha también señalaban que el lugar de su nacimiento fue en la llamada en ese entonces calle de San Francisco que es la actual 9 de Julio hoy correspondiente a los números 8, 10 y 14. Esta tradición se refuerza por ser el 20 de agosto el día de San Bernardo y con dos expedientes que se encuentran en el Archivo General de la Nación caratulados “Proceso del Desaguadero” y “Proceso de Residencia” en donde declara el 10 de diciembre de 1811 tener 22 años y el 3 de Junio de 1815 tener 25 años, o sea que su cumpleaños tenía que ser entre ambas fechas
Su padre fue Miguel Monteagudo, español, natural de Cuenca en Castilla la Nueva y, según lo declara en su testamento, era hijo de Pedro Monteagudo y María Alexandró, casado en primeras nupcias con Catalina Cáceres natural de la ciudad de Jujuy e hija legítima de D. Baltasar Cáceres Montes de Oca y Da. Gabriela Bramajo o Gramajo (creo que este último es el apellido correcto). Habían contraído matrimonio en Chuquisaca el 11-3-1786. Al año siguiente se trasladaron a S. M. de Tucumán, donde sus familiares tenían una buena situación económica.
Hizo sus primeros estudios con el padre José Antonio Medina y luego pasó a Chuquisaca donde se graduó en Teología en 1805, y en 1806 como bachiller en Derecho Canónico. En 1807 pasó a la Academia Carolina donde leyó en público su tesis doctoral: “El origen de la sociedad y sus medios de mantenimiento”, recibiendo cuatro meses después, el 22 de septiembre de 1808, el título de “Doctor en ambos Derechos”.
Fue abogado de la Real Audiencia y Defensor de Pobres. Actuó en la insurrección de Chuquisaca el 25 de mayo de 1809, precursora de nuestra Revolución de Mayo, y luego fue enviado a Potosí por la Junta Revolucionaria que en La Paz se levantó en armas el 16 de julio del mismo año, con el propósito de crear un gobierno propio separado de España. El movimiento fue apoyado por las milicias y el Cabildo.
En su escrito “Diálogo entre Atahualpa y Fernando VII”, que circuló manuscrito, muestra su adhesión a la causa revolucionaria y causó tal efecto que una vez derrotada la revuelta, en febrero de 1810, fue capturado por los realistas cuando se dirigía en misión a Tupiza y a los pocos días fue condenado a muerte.
Al enterarse del avance del ejército patriota por el Alto Perú logró fugarse el 4 de noviembre uniéndose a las tropas argentinas acampadas en Suipacha bajo las órdenes de Balcarce y Castelli, en ese momento jefe del Ejército del Norte, quien lo nombró su secretario y auditor de guerra. Tres días después, el 7 de noviembre, se libró la batalla de la victoria, luego entró con el ejército triunfante en Charcas y después en Potosí. El recibimiento en ambos lugares fue apoteótico.
Estaban impedidos a seguir por orden de Moreno que consideraba al río Desaguadero el límite del Virreinato. Pero igualmente Monteagudo predicó que el objetivo político de la Revolución era la liberación de la América Española y la necesidad de unir a todos los pueblos en una gran nación.
Las tropas patriotas acamparon ociosas a orillas del río límite. Al no poder avanzar pactaron con Goyeneche, jefe del ejército realista, la no agresión. Es sabida una vieja norma militar que enseña que un ejército en campaña nunca debe quedarse con los brazos cruzados.
Al cundir la molicie el entusiasmo bélico iba canalizándose hacia otros entusiasmos y para colmo un grupo de oficiales argentinos no encontraron mejor ocupación que farsarse del acendrado catolicismo de los altoperuanos. En la capilla del pueblo de Loja se disfrazan de sacerdotes y se burlan de las tradiciones religiosas. Algunos historiadores acusan a Monteagudo de ser el promotor de estas actitudes.
Este anticlericalismo fuera de lugar cayó como una bomba en el religioso pueblo del Alto Perú, y el primitivo y masivo apoyo al movimiento revolucionario se volvió en su contra desertando día a día de la causa patriota y pasándose a las filas de Goyeneche.
La tontería de un puñado de libres pensadores argentinos transformó una guerra de liberación que contaba con el apoyo popular, en una guerra santa en la que sin esfuerzo y apoyado por la población que había contribuido a expulsarlo, Goyeneche derrotó a Castelli y a Balcarce en Huaqui
Después de Huaqui es destituido Castelli y Monteagudo fue arrestado y llevado a Tucumán. Mientras estuvo prisionero en Tucumán era muy visitado y todos elogiaban su fácil conversación “era capaz de hablar todo el día”, según narra una carta de la época.
El Triunvirato lo liberó al poco tiempo, viajó a Buenos Aires y el gobierno le encomendó la redacción de La Gazeta de Buenos Aires en 1811, siendo célebres sus artículos de doctrina revolucionaria pidiendo que se proclame inmediatamente la independencia y afirmando que la soberanía reside en el pueblo y en la autoridad de las leyes. Desarrolló la idea de utilizar la institución romana de la dictadura hasta que pase el “peligro español”.
Desaparecida la publicación Monteagudo publicó la suya propia “Mártir o Libre” de breve existencia. Fue orador en la sesión inaugural de la Sociedad Patriótica (1812) y dirigió el “Grito del Sud”. Actuó sin contemplaciones como uno de los jueces de la conspiración de Alzaga, y también en la sedición que derrocó al primer Triunvirato el 8 de octubre de 1812 en el que el pueblo de Buenos Aires, junto con el ejército en el que estaba el regimiento de Granaderos a Caballo dirigido por San Martín y Alvear, depuso al Triunvirato cuya cabeza era Rivadavia.
Con las ideas de Filadelfia y de la Revolución Francesa, elaboró el proyecto de constitución que prohijaba la Sociedad Patriótica. Representó a Mendoza en la Asamblea de 1813 de la que fue redactor.
La Sociedad Patriótica le encomendó la tarea de mandar a hacer una lámina de plata con sobre puesta de oro dedicada a la valerosa ciudad de San Miguel de Tucumán para dar un “testimonio público de gratitud y alta consideración hacia ese pueblo” en conmemoración de la victoria del 24 de septiembre “La victoria del 24 de Septiembre en Tucumán será siempre mirada como el lucero más notable de la revolución”.(1)
En 1815 siguió su acción de periodista político en “El Independiente”.
A la caída de Alvear fue tomado preso y desterrado, pero logró fugarse. Estuvo en Río de Janeiro y pasó a Londres y París.
Volvió a Buenos Aires en 1817, pero fue arrestado y confinado en Mendoza. Luego pasó a Chile presentándose a San Martín, flamante vencedor de Chacabuco, quien lo nombró auditor de guerra del Ejército.
Fue redactor, a pedido de O´Higgins, del Acta de la Independencia de Chile. Después de Cancha Rayada, volvió a Mendoza para intervenir en el juicio a los Carrera, firmando su sentencia de muerte.
Tras una breve estada en Chile actuó en San Luis en el proceso contra los revolucionarios de 1819.
Nuevamente en Chile reasumió su cargo con el grado de teniente coronel.
Publicó el periódico “El Censor de la Revolución”. Luego partió en la expedición al Perú con San Martín, entrando triunfalmente en Lima el 9 de julio de 1821 y el 28 en el Cabildo Abierto juró la Independencia del Perú. Allí publicó el “Boletín del Ejército” y luego “El Pacificador del Perú”.
Actuó en la confección del Estatuto Provisorio del Perú.
San Martín, elegido “Protector del Perú” nombró a Monteagudo ministro de Guerra y Marina y luego de Gobierno y Relaciones Exteriores.
Tomó una serie de medidas violentas anti españolas que hicieron detonar en 1822 una rebelión en su contra.
Se fue a Panamá donde el Intendente del Istmo, don José María Carreño, lo recibió con los honores de “quien tanto había hecho por la emancipación americana” y luego pasó a Quito donde escribió su “Memoria” y conoció a Bolívar.
Actuó también en Guatemala postulando el Congreso Continental y volvió al Perú en 1823.
Recorrió nueve países americanos siempre en pos de su ideal de libertad para los pueblos de América.
La noche del 28 de enero de 1825 fue asesinado en la calle del Convento de San Juan de Dios en la ciudad de Lima y a pesar de que su muerte es atribuida a su borrascosa vida galante, nunca se establecieron las causas reales de ella.
Al ser asesinado no dejó bienes lo que significa un mentís rotundo a los infundios de sus enemigos que decían que “vivía en medio del fasto y las magnificencias”.(2)
En cuanto a su descendencia, según el Dr. Nicanor Rodríguez del Busto(3) conoció en Tucumán al Sr. Andrés Monteagudo que sostenía su descendencia directa del prócer.
De ser correcta su afirmación su genealogía hasta llegar al Dr. Bernardo Monteagudo sería:
Don Andrés Monteagudo hijo legítimo de:
Don Adolfo Monteagudo y Da. Justa Visuara
Nieto de:
Don Solano Monteagudo, nacido por 1810 y Da. Jerónima Medina
Bisnieto de Don Bernardo Monteagudo y una señorita Fernández o Garmendia que “en 1811 lo visitaba diariamente en el Cabildo y mostraba a este menor, Solano, como hijo de Monteagudo y que el prócer así lo aceptaba”.
Cabe acotar que en el Archivo Histórico de Tucumán figura Don Solano Monteagudo comprando un sitio en sociedad con Don Baldomero Maldonado, en el año 1865.

Notas

(1)El Texto completo de la comunicación de Don Bernardo de Monteagudo a la Sala Capitular de Tucumán sobre la Victoria del 24 de Septiembre de 1812 dice así:
La Victoria del 24 de septiembre en Tucumán será siempre mirada como el suceso más notable de la revolución”
Este es uno de los acontecimientos que se inmortalizan en los anales del mundo porque la memoria interesa a todos los que aman la virtud, en cualquier país en el que existan.
Sin embargo la Sociedad Patriótica que hubo en esta ciudad y que suspendió sus sesiones para instalarse la Asamblea en la casa destinada a dicho objeto, quiso dar un testimonio público de gratitud y alta consideración hacia ese pueblo mandando trabajar una lámina de plata con sobre puesta de oro dedicada a tan valerosa ciudad y por el referido incidente tuve el honor de quedar encargado de remitirla a Ud. cuando concurriese.
A pesar del esfuerzo recién la ha concluido el artista y me lisonjeo de anunciar a Ud. que a pocos días de esta fecha la conducirá de paso por la ciudad el ciudadano Alvarez Jonte que acompañase en comisión a las Provincias del Interior.
Espero que Ud apreciará esta demostración por los sentimientos que la impulsan y la que se dignará colocar en la fachada de la Municipalidad el Monumento que le consagran la gratitud y la justicia.
Tengo el honor de ........ a Ud. la más alta consideración y los más profundos sentimientos de sinceridad y respeto.
Saluda a Ud. Atte. Febrero de 1813
Bernardo de Monteagudo
Muy atte. Municipalidad – El sepulcro de la Tiranía en Tucumán

A.H.T. - Sec. Adm. – Vol. 23 – fs. 38
(2)“Bernardo Monteagudo. Escritos Políticos”, Melián Lafinur, Alvaro.
(3)Conferencia del Dr. Nicanor Rodríguez del Busto – Sesión del 13-5-1958 publicada en el Boletín XXIV de la Academia Nacional de Historia (1958).

* Miembro de Número del Centro de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Tucumán.

martes, 18 de mayo de 2010

Vascos en Tucumán*

Celia Avellaneda de Ibarreche**

Los vascos llegaron a nuestra región con los primeros conquistadores y su presencia fue ininterrumpida predominando los vizcaínos y guipuzcoanos.
Ya en la primera entrada al Tucumán en el año 1542, al mando del capitán Diego de Rojas, formaron parte de la expedición los vascos Francisco Hurtado de Arroniz, Bautista de Berrio y Antonio Ruiz de Guevara.
Estuvieron entre los fundadores y primeros pobladores de la ciudad de San Miguel de Tucumán y Nueva Tierra de Promisión en el año 1565, en su primitivo asentamiento(1). Participaron como autoridades del primer Cabildo, siendo Juan Núñez de Guevara el Alcalde Ordinario de 2º voto y Antonio Berru uno de sus Regidores, ambos elegidos por el fundador de la ciudad el capitán Diego de Villarroel que lo hizo por mandato del conquistador Francisco de Aguirre.
Figuraron entre los primeros vecinos de la ciudad Juan Bautista Berrio y Juanes de Artaza.
A partir de entonces fue incesante su llegada, primero desde distintos lugares del Virreinato del Perú y luego desde Buenos Aires, cuando se creó el Virreinato del Río de la Plata. Se establecieron en gran cantidad en nuestra provincia en donde formaron familia y en donde aún viven sus descendientes.
En la época de la colonia española muchos Gobernadores del Tucumán fueron originarios del país vasco, entre ellos: el General Don Francisco Martínez de Leyba y Zúñiga (1600-1603), el Adelantado Don Juan Alonso de Vera y Zárate (1619-1627), Don Baltasar Pardo de Figueroa y Guevara (interino en 1643 y 1644), Marcos José de Garro (1674-1678) y Don Esteban de Urizar y Arespacochaga (1707-1724) excelente y honrado gobernante al que el rey confirmó en su cargo haciéndolo vitalicio. Durante su gobierno se pacificaron los indios mocovíes, la expedición estuvo al mando del General Don Antonio de Alurralde, hijodalgo nacido en Andoain, Guipúzcoa. Cuando terminó el período colonial los vascos siguieron en funciones de gobierno.
El más joven de los presidentes de la Nación Argentina fue el Dr. Nicolás Avellaneda, tucumano, cuyo antepasado el Capitán D. Simón de Abellaneda y Peñuecos nació en Beci, en las Encartaciones de Vizcaya y se estableció en San Miguel de Tucumán hacia 1680, cuando la ciudad estaba aún en el sitio de Ibatín.
Varios fueron gobernadores, intendentes, industriales azucareros, políticos, en fin prácticamente a todos ellos les fue muy bien en nuestra tierra.
Los gobernadores de origen vasco de nuestra provincia del período independiente fueron más de veinte. A título de ejemplo cito a: Benjamín, Bernabé y Diego Aráoz, Gregorio Aráoz de la Madrid, Eudoro, Marco y Roberto Avellaneda, Juan Bautista Bascary, Pedro de Garmendia, Clemente Zavaleta, Pedro José Salustiano Zavalía, etc. y también fueron intendentes, ministros, legisladores, integrantes de la Corte Suprema de Justicia de la provincia y numerosos sacerdotes.
Prácticamente toda la “buena sociedad” de la provincia tiene sangre de vascos españoles (Alurralde, Aráoz, Garmendia, Helguera, Zavaleta, Zavalía, etc.) y en menor medida de vascos franceses (Etchecopar, Duhart, D´Hiriart, Bascary, Fagalde, etc.).
Los tres grandes genearcas tucumanos D. José Manuel Silva, D. Manuel Paz y D. José Manuel Terán al casarse a principios del S. XIX con Da. Tomasa Zavaleta, Da. Dorotea Terán Alurralde y Da. Mercedes Alurralde respectivamente, todas descendientes de vascos, formaron familias numerosísimas.
A diferencia de los numerosos vascos que vinieron en gran cantidad a partir de fines del S. XIX que eran en su mayoría campesinos y se radicaron en la pampa húmeda argentina (provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba) dedicándose al campo y a la actividad lechera, los que vinieron a nuestra provincia llegaron antes, a mediados del Siglo XVIII, se dedicaron al comercio, eran terratenientes y al mismo tiempo militares. Casi todos ocuparon cargos importantes en el Cabildo. Recordemos que no cualquiera podía aspirar a ser cabildante ya que se necesitaba ser propietario y pertenecer a una familia principal.
En el siglo XIX la actividad comercial daba mucho prestigio, tanto que al decir de D. Florencio Sal en sus memorias escritas en 1913: “Entre los títulos de vanidad social de nuestros abuelos se contaba la de ser dueño o dependiente de tienda, que era una de las ocupaciones distinguidas. Los jóvenes, cerrado el negocio, salían a la calle ostentando su profesión con el girar de la llave nobiliaria entre los dedos con aire de orgullo y empaque de normalista”.
Vinieron ya con algún patrimonio, el que acrecentaron en nuestras tierras con sus actividades y también por sus casamientos con mujeres que generalmente tenían dote. De estos matrimonios resultó una buena descendencia ya que, entre las mujeres renombradas en el siglo XIX por su belleza, la mayoría es fruto de dichas uniones. Don Florencio Sal cita a Dolores y Restituta Silva Zavaleta, Rosario Arozena, etc. además de ser las más cultas de la ciudad.
Es legendaria la belleza y el patriotismo de Lucía Aráoz Alurralde, también llamada “La rubia de la Patria”. Ella y su prima Dorotea Terán Alurralde integraron el elenco fundador de la Sociedad de Beneficencia de Tucumán, siendo esta última su primera presidente. Lucía era casada con el General Javier López Iturrioz, también descendiente de vascos
Dieron ejemplo de valentía, como Da. Catalina Aráoz que fue azotada por no ser adicta a la tiranía de Rosas y negarse por lo tanto a llevar el distintivo punzó.
El retrato más antiguo de cuerpo entero que se conserva en la provincia es el del vasco D. Pedro Antonio de Zavalía y Andía, nacido en la Villa de Abando, Vizcaya. Lo mandó, después de desposarse por poder en San Miguel de Tucumán, a su esposa a la que aún no conocía, en abril de 1787 desde la Villa Imperial de Potosí en donde era colector de caudales del rey.
Tucumán fue la primera provincia de la República que acudió en defensa de Buenos Aires cuando esta fue invadida por los ingleses en el año 1806 y lo hizo al mando del comandante José Ignacio Garmendia, nacido en Vizcaya, al frente de la Compañía de voluntarios tucumanos, los gastos corrieron por su cuenta personal.
Los vascos franceses empezaron a llegar a principios del siglo XIX, tal vez atraídos por la semejanza de su paisaje con los Pirineos Atlánticos y en general se casaron con mujeres tucumanas descendientes de conquistadores y primeros pobladores.
Posteriormente llegaron numerosos descendientes de vascos cuyos padres se habían radicado primero en las vecinas provincias de Santiago del Estero, Salta y Catamarca y también de otras como La Rioja, Jujuy y Santa Fe. Seguramente su actividad comercial los llevó a conocer Tucumán en donde se enamoraban no solo de sus mujeres sino también de las bellezas naturales de la provincia.
Los viajes evidentemente aumentaban el prestigio, citamos nuevamente a D. Florencio Sal: “La admiración a la que se creían acreedores cuando contaban en su haber y referían la proeza de un viaje a Buenos Aires, al frente de tropas de carretas, en compra y venta de mercaderías. El viaje no exento de peligros, duraba seis meses entre ida y vuelta, y el regreso se anunciaba desde lejos con marciales y alegres toques de clarín; y constituía un acontecimiento comentado año tras año por las familias de los expedicionarios y por los interesados en los cargamentos”.
Ejemplo de lo arriesgado de los viajes de aquella época es que muchas personas, antes de emprenderlos, dictaban su testamento. Tal el caso del Gral. D. Antonio de Alurralde que “el 31-12-1701, próximo a partir con sus carretas a la ciudad de Santa Fe, se presentó ante el Alcalde Ordinario de 1er. Voto el Cap. Claudio de Medina y Montalvo, y en virtud del poder otorgado por su difunta esposa Da. Ana María García de Valdés, dictó su Testamento declarando:…”(2).
La batalla de Tucumán librada el 24-9-1812, importantísima para la independencia de nuestro país, se ganó con la decidida participación de la familia Aráoz cuyo antepasado el Capitán Asencio de Lizarralde y Aráoz, provenía de Oñate, Guipúzcoa.
Don Bernabé Aráoz con sus parientes Diego, Cayetano y el sacerdote Pedro Miguel, no solo pusieron a disposición del Gral. Belgrano sus bienes personales sino que también fueron los que congregaron a los vecinos para que apoyasen al ejército a dar la batalla decisiva y evitar que siguieran avanzando las tropas españolas hacia el interior de las Provincias Unidas del Río de la Plata (como se llamaba en esa época la República Argentina), a pesar de las órdenes de retroceder sin dar batalla que se habían enviado desde el gobierno de Buenos Aires.
En el Congreso de las Provincias Unidas que se realizó en Tucumán en el año 1816 y declaró formalmente nuestra “independencia de España y de toda dominación extranjera” el 9 de julio de dicho año, la familia Aráoz también tuvo un protagonismo central ya que uno de los dos representantes de nuestra provincia fue el sacerdote D. Pedro Miguel Aráoz y su gobernador era D. Bernabé Aráoz, quién facilitó varios de los muebles que se usaron, además de encarar y solucionar todos los problemas que significaba el funcionamiento de dicho Congreso debido a las difíciles circunstancias económicas de la época por la guerra sostenida con España.
Fueron protagonistas en nuestras luchas internas, la más notoria fue entre el General Javier López Iturrioz y Don Bernabé Aráoz en los años 20 del siglo XIX, rivalidad que se llegó a comparar con Montescos y Capuletos
El autor del libro “Bases y puntos de partida para la organización de la República Argentina”, que sirvió de guía para la redacción de nuestra Constitución Nacional de 1853, fue el abogado tucumano Juan Bautista Alberdi, hijo de D. Salvador Alberdi y Egaña que había nacido en el Señorío de Vizcaya y llegó a Tucumán en la segunda mitad del siglo XVIII en donde se casó con la tucumana Da. Josefa Rosa de Aráoz y Balderrama, también con antepasados vascos y descendiente de conquistadores y primeros pobladores.
Muchas calles de nuestra provincia llevan el nombre de vascos ilustres que vivieron y lucharon en y por ella.
Como dato anecdótico recuerdo la historia de la “Monja Alférez” en el Tucumán de principios del S. XVII. Se llamaba Catalina de Erauso, se había escapado de un convento en Guipúzcoa y se embarcó para América disfrazada de varón. Tuvo una vida muy interesante y aventurera. Se calcula que vivió en San Miguel de Tucumán alrededor de 1615.
Más de tres millones de personas en la Argentina, aproximadamente el 10 % de sus habitantes, tienen algún antepasado vasco, aunque creo que en la provincia de Tucumán el promedio es bastante más alto.
En mi caso particular tengo muchísimos antepasados provenientes del país vasco español, tanto por parte materna como paterna y el ancestro europeo más cercano fue mi bisabuelo, Máximo Etchecopar, que vino en 1854 de Saint Palais, en el país vasco francés. Llegó a Tucumán a los 13 años. Aquí lo esperaba su hermano Evaristo, 20 años mayor y a quién no conocía, que se había dedicado a la industria azucarera fundando en Tucumán el Ingenio azucarero La Banda en el año 1846.
Todos mis tatarabuelos descendían de vascos, menos el dinamarqués Hans Heller pero su mujer era Corina Palacio cuyos antepasados provenían de San Juan de Molinar, en Vizcaya. Para reforzar mi descendencia estoy casada desde hace 39 años con Horacio Ibarreche, pariente del Lehendakari del país vasco D. Juan José Ibarretxe el que vino a Tucumán en marzo de 2006 a visitar a su familia tucumana, con él y su esposa Begonia pasamos gratísimos momentos.
Como hemos visto tuvieron una muy destacada actuación participando como protagonistas en casi todos los episodios importantes de nuestra provincia

Notas
(1)San Miguel de Tucumán estuvo durante 120 años en el sitio de Ibatín y luego se mudó en 1685 al actual emplazamiento en el lugar que en ese entonces se denominaba “La Toma”. El traslado se debió a varias razones, una de ellas y tal vez la más importante, era que el camino que conducía al Alto Perú ya no pasaba por la ciudad.
(2)COROMINAS, Jorge Alberto – Los vascos en la provincia de Tucumán – Fundación Vasco Argentina Juan de Garay.

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*El presente trabajo fue publicado en el Boletín Electrónico Nº 91 (enero-marzo de 2009)de la Academia Costarricense de Ciencias Genealógicas. Puede consultarse en: http://www.genealogia.or.cr/publicaciones/boletines/boletin091.html
** Miembro de Número del Centro de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Tucumán.

lunes, 10 de mayo de 2010

La memoria genealógica como patrimonio de consolidación social. Vínculos parentales de la elite dirigente catamarqueña (1810-1910)

Marcelo Gershani Oviedo*

1. Palabras iniciales

Esta comunicación se desprende de una investigación mayor referida a la conformación del patriciado y de la elite en Catamarca (Argentina), cuyo marco cronológico se encuentra comprendido entre 1683, cuando se funda la ciudad de San Fernando de Catamarca, y las tres primeras décadas del pasado siglo XX.
En esta ocasión, pretendemos demostrar la importancia de la memoria genealógica como elemento de consolidación de la elite que rigió los destinos políticos de Catamarca entre la Revolución de Mayo (1810) y el Centenario de ese acontecimiento (1910).
Habían transcurrido más de tres décadas desde la Revolución de Mayo, cuando el miércoles 14 de agosto de 1844, Wenceslao Correa y Herrera, vecino del Valle Viejo(1), se presentó ante la autoridad eclesiástica para iniciar la información que le permitiría contraer matrimonio con Matilde Sosa y Valles.
En el acta que se labró, Correa manifestó que era pariente de su novia por "…estar ligadas todas las familias de la clase de mi pretendida con igual o más inmediato parentesco por descender de unos cuantos hombres primeros fundadores...”(2).
Wenceslao Correa, sin duda, conocía lo que afirmaba. Su tatarabuelo, el español José Ramón Correa de Silva, había participado de la fundación de San Fernando, en el Valle de Catamarca, en 1683 (Andrada de Bosch, 1983).
En cuanto a la ascendencia de su futura esposa, también la conocía perfectamente. Era nieta en el cuarto grado de Nicolás de Barros Sarmiento y de Domingo de Segura, que habían ocupado cargos en el primer cabildo de la ciudad.
Tenemos así que la memoria genealógica se manifiesta más de siglo y medio después de la fundación de la ciudad de Catamarca, cuando un descendiente de un vecino fundador explicitaba por escrito el sentido de pertenencia a un grupo social.

2. Marco teórico

El término “elite” es un vocablo que identifica a un conjunto reducido de personas que se destacan o sobresalen del resto de su comunidad. Es una minoría cualitativa y selecta que se destaca en el desarrollo de una actividad o función respecto al resto de la población. Desde el siglo XIX, el concepto de elite ha sido aplicado a los estratos sociales dominantes, los que, generalmente, tienen acceso a los más altos niveles del Estado o ejercen control sobre la estructura de clases del sistema social y lo manipulan en su beneficio (Sosa Miatello, Lorandi y Bunster, 1997; Cueto, 1998; Bertrand, 2000; Langue, 2000; de la Orden de Peracca, Gershani Oviedo, Roldán y Moreno, 2001; Herrera, 2007).
Dice Peter Waldmann (2007) que elite nunca fue un concepto neutro. Desde su creación, hacia fines del siglo XVIII, fue un concepto de fuerte carga política y emocional.
Los autores “realistas”, Vilfredo Pareto, Gaetano Mosca y Robert Michels, defendieron la tesis de que, independientemente de la constitución formal de un país, en realidad siempre hay una minoría que tiene el poder y lo dirige.
A principios del siglo XIX ciertos círculos burgueses habían destacado que lo que faltaba era una elite de méritos y no una clase dirigente que legitimaba su posición privilegiada por razones de sangre o meritos militares de sus antepasados. Sin embargo, “los clásicos” insistieron en que la minoría que tiene las riendas del poder político en sus manos en cualquier sociedad debe su excelencia no sólo a capacidades y virtudes individuales, sino también a su procedencia social (Waldmann, 2007).
Por otro lado, se utilizará la noción de red social. Al respecto, dice Zacarías Moutoukias (2000) que "el interés por las redes sociales y los vínculos entre personas en los trabajos de historia es a la vez reciente y antiguo. Tomado de la antropología social de los años treinta, el análisis de redes fue utilizado en antropología, economía, sociología y más recientemente en historia".
Pérez García (2006) afirma por su parte que red social es un concepto “heredado de la Sociología y que sirve al historiador como herramienta de trabajo para reconstruir el conjunto de relaciones sociales que un individuo lleva a cabo a lo largo de su vida (…) los mencionados lazos y vínculos sociales están sustentados por la consanguinidad, el clientelismo, el parentesco ficticio, la alianza y la amistad”.
Una red familiar se articula a partir de un apellido. La familia nuclear del pariente mayor de dicho apellido es la célula a la cual se agregan los parientes consanguíneos y políticos, sean de la misma rama, o ramas del mismo tronco o bien de otras familias (Falleti, 1997).
El estudio de las familias de elite se ha realizado, además, a partir de la genealogía que nos ha permitido reconstruir linajes, analizar estrategias y alianzas, etc.
Elsa Andrada de Bosch (2004) afirmó que el objetivo fundamental de la genealogía “es el estudio de la familia y la determinación de filiaciones y alianzas”. Agregaba que ese estudio no se limita a las características individuales que en su mayor parte debe cada persona a la herencia, sino que se extiende al ambiente familiar y social con sus innegables influencias recíprocas y al momento histórico en que cada vida transcurrió.
La utilización de genealogías sociales nos permitió establecer las filiaciones y las relaciones parentales entre los integrantes del grupo social que estudiamos en el marco cronológico de un siglo. Los vínculos intragrupales establecidos formaron parte de un patrimonio casi exclusivo de ciertos estamentos sociales que muestran continuidades seculares.
Recalcamos la importancia de la inscripción de los grupos familiares en la larga duración (las tres generaciones de una familia), y el interés que cobran las "genealogías sociales" junto a la prosopografía para evaluar el funcionamiento de las solidaridades en el tiempo. Las genealogías sociales se presentan sobre todo como "uno de los fundamentos de la historia social, comparativa y cuantitativa" (Langue, 2000).
Tomamos un aspecto poco trabajado de esas familias y grupos: la memoria genealógica. La entendemos como una estrategia de construcción y de reproducción, y al mismo tiempo como un patrimonio familiar identitario y social, que se convierte en capital simbólico. Se tiene memoria del abolengo, como larga lista de antepasados, y de sus hechos político-militares, para sustentar y explicar los derroteros, evolución e historia de las familias, de los linajes, de los estamentos y de las peticiones de premios y mercedes reales en el tiempo colonial. Situación similar que también se vivió en los gobiernos republicanos.
Entendemos, y es uno de los objetivos de esta ponencia, que esa memoria genealógica forma parte del patrimonio, en primer lugar doméstico, privado y particular, de las familias; y luego del patrimonio de un grupo social más amplio.
Los vínculos intragrupales (parte también de ese patrimonio) establecidos por ciertos estamentos sociales, muestran continuidades seculares, advirtiéndose una consolidación social que benefició a sus integrantes.

3. Fuentes y Bibliografía

Es de destacar en primer lugar, que la mayor parte de la información genealógica utilizada en este trabajo corresponde a investigaciones llevadas a cabo desde hace varios años por el autor y que en gran medida se halla inédita (Gershani Oviedo, 2000, 2001, 2002a, 2002b, 2003, 2007, 2008, 2009, 2010).
El trabajo está basado en fuentes primarias y en un medido apoyo bibliográfico, ya que la especificidad del problema tratado y la particularidad de nuestro enfoque, no cuentan con antecedentes sino complementarios cuya utilidad hemos aprovechado oportunamente.
Las fuentes de las genealogías sociales son múltiples (eclesiásticas, demográficas, fiscales, militares, electorales, jurídicas etc.) y de todas ellas nos hemos servido: se utilizaron tanto listas nominativas (censos, padrones) como registros oficiales de hechos vitales, es decir los registros parroquiales (libros de bautismos, matrimonios, defunciones), que se encuentran en el Archivo Parroquial de la Catedral Basílica. Por otro lado se consultaron expedientes matrimoniales y libros parroquiales de Piedra Blanca, Ancasti y El Alto en el Archivo Diocesano del Obispado de Catamarca. Además, se indagó en protocolos y expedientes judiciales que se resguardan en el Archivo General de Indias, Archivo Nacional de Bolivia (Sucre) y Archivo General de la Nación y en los archivos históricos de Catamarca, Córdoba, Tucumán y Salta. El cruce de esta información nos permitió reconstruir las ascendencias de los grupos familiares vinculados al patriciado catamarqueño en el periodo pautado para su estudio.

4. Desde la fundación de la ciudad (1683) a Mayo (1810)

Desde la fundación de la ciudad de San Fernando hasta la época independiente, los cabildos estuvieron integrados por miembros de un sector dirigente conformado, en su mayoría, por descendientes de conquistadores y fundadores de ciudades. Eso lleva a Elsa Andrada de Bosch (2004) a afirmar que los cabildantes estuvieron vinculados, en muchos casos, por lazos de consanguinidad (parentesco sanguíneo) o afinidad (parentesco político).
Es lo que Félix Luna (1991) también plantea al decir que "en las ciudades del interior, desde la época colonial, los intereses políticos y económicos locales se expresaron muchas veces a través de determinadas familias, verdaderos clanes con sus patriarcas, sus activistas y sus clientelas".
Cuando en 1683, Fernando de Mendoza Mate de Luna eligió a los integrantes del primer cabildo de la ciudad de San Fernando de Catamarca, no sólo le estaba dando legalidad jurídica a la fundación que estaba concretando, sino que inauguraba un modo de ejercer el poder en Catamarca: los gobiernos de familia. Una realidad se imponía: casi la mitad de los integrantes de ese primer cabildo estaban emparentados entre ellos (Gershani Oviedo, 2009).
De esta manera, el nepotismo, que Botana (1986) define como "una relación entre lo público y lo privado en virtud de la cual el control del gobierno dependía de los vínculos de parentesco que entre sí tejían determinadas familias", se convirtió en una práctica presente en la historia política catamarqueña desde el periodo colonial. Esas redes familiares, en la mayoría de los casos, habían heredado importante capital material y simbólico de la época colonial, y lograron insertarse en el siglo XIX en la actividad pública.
En ese contexto, Cristina López (2003) afirma que el elemento más destacado para la pervivencia de estas redes estuvo constituido por las alianzas matrimoniales y la construcción de la memoria genealógica familiar. Esto permitía la reproducción biológica y social del grupo y la preservación del patrimonio familiar, situación que se convirtió en el sustrato de la legitimación ideológica que justificaba el dominio sobre el resto de la población. A ello se sumaron las relaciones personales de paisanaje, afinidad y clientelismo.
Esta realidad nepótica pervivió en todos los planteles de los cabildos desde la fundación de la ciudad hasta las primeras décadas del siglo XIX: los capitulares estaban emparentados entre ellos, formando intrincadas redes familiares.
Junto a las herencias y patrimonios materiales de las familias de este grupo social enraizado en la historia catamarqueña colonial, no debemos descuidar otro tipo de herencia inmaterial, de patrimonio intangible: los antepasados y sus méritos.
La consolidación social de un español (conquistador, fundador, poblador) estaba ligada muy fuertemente a los méritos propios en el proceso de la conquista, pero también a los de antepasados con los cuales le unía el parentesco por consaguinidad o afinidad.
La obtención de mercedes de tierras y de encomiendas de indios requería la calidad de beneméritos de la conquista, por acciones propias o de los antecesores; las alianzas matrimoniales otorgaban un plus a la dote de la mujer, que eran los méritos de sus antepasados que se unían a los del marido.
La consolidación de un status social venía ligado entonces al abolengo, a la larga lista de abuelos/antepasados y sus acciones (muchas de ellas guerreras), de los cuales se tenía recuerdo, memoria: esa memoria genealógica puede verse en las probanzas de méritos y memoriales levantados para obtener gracias del monarca.
A mediados del siglo XVIII, podemos acercarnos a la visión que se tenía del patriciado en el valle de Catamarca, a partir de una fuente emanada de las autoridades civil y eclesiástica lugareña, la Información Jurídica sobre la Historia de Nuestra Señora del Valle(3). Advertimos que de los 50 testigos que brindaron su testimonio en dicha Información, 16 fueron reconocidos por las autoridades como “hijos y descendientes de los primeros conquistadores y pobladores de esta ciudad y provincia”(4); “sujeto a quien ha ocupado esta ciudad en los principales oficios políticos y militares”(5).
De acuerdo a nuestras investigaciones, estamos en condiciones de establecer la vinculación y pertenencia al patriciado catamarqueño de, por lo menos, otros 14 testigos que se presentaron en 1764 y que no fueron reconocidos con esa situación especial(6).

5. La memoria genealógica durante una centuria (1810-1910)

Para la época de la creación del Virreinato del Río de la Plata solamente el 16% de la población total de la ciudad de Catamarca, era blanca. Sin embargo, dentro de ese porcentaje se encontraba una minoría que gobernaba, "manejaba el poder económico derivado de explotaciones agropecuarias que tenían origen en las mercedes y encomiendas conferidas a sus antepasados y también monopolizaban el prestigio social. Era el patriciado de la tierra..." (Bazán, 1995).
Y será esta minoría la que regirá los destinos de Catamarca hasta iniciado el siglo XIX, cuando los sucesos de mayo de 1810 ocurridos en Buenos Aires, alteraron la normal administración de la cosa pública por parte de nativos españoles y de criollos vinculados a la Corona.
En los primeros años de la Revolución se advierte el predominio en la cosa pública de los descendientes de los antiguos conquistadores y colonizadores del Tucumán. Los integrantes del cabildo catamarqueño surgieron siempre de esa minoría oligárquica. Cuando analizamos las actas capitulares de la época, donde figuran los miembros de la "parte principal y más sana del vecindario", notamos enseguida que son los mismos apellidos presentes en la historia del Tucumán colonial, muchos de los cuales todavía se conservan en nuestra sociedad: Herrera, Cubas, Castro, Segura, Olmos de Aguilera, Soria, Ahumada, Salas, de la Vega, Vera, Guzmán, Barrionuevo, Correa, entre otros.
Las familias dominantes formaron y crearon a través de los matrimonios entre sí extensos grupos de parentesco, lo que no significaba que no se generaran bandos rivales. Cada una de estas familias trataba de colocar a uno o más miembros en las altas esferas de poder (Lockhart, 1990).
Las nuevas autoridades surgidas en Mayo de 1810 en Buenos Aires invitaron a los pueblos del Interior a participar de las primeras deliberaciones. Esta invitación solicitaba a los cabildos la elección de un diputado. Se observa claramente que la representación es entregada a la ciudad de la tradición hispanocolonial, y dentro de ella a la "parte principal y más sana del vecindario" (Goldman, 1998).
Cuando en Catamarca se tuvo que elegir el diputado, esa parte principal y sana eligió a Francisco de Acuña, pero impedimentos legales imposibilitaron su juramento como diputado, pues no reunía los requisitos de ser americano de nacimiento y no tener empleo rentado por la Corona. Se hizo necesario, entonces, el llamado a un nuevo Cabildo Abierto para el 31 de agosto del mismo año, donde se consagró como representante por Catamarca el vecino José Antonio Olmos de Aguilera, luego de una reñida elección en la que superó por sólo ocho votos a uno de los hijos de Francisco de Acuña (Olmos, 1957; Bazán, 1996). Notamos que, a pocos meses de Mayo de 1810, los intereses de las redes familiares continúan vigentes en el seno de la clase gobernante.
El estudio de los parentescos existentes entre los miembros de los cabildos que se sucedieron luego de Mayo 1810, demuestra que esa fractura que significó la Revolución, no impidió que los mismos grupos familiares que detentaban el poder, hayan continuado aportando elemento humano para ocupar espacios significativos en la centuria siguiente (Gershani Oviedo, 2009).
En el análisis del período republicano, desde 1810 hasta 1910, observamos que se encontraban vinculados por lazos de parentesco con el patriciado criollo lugareño tanto los sucesivos gobernadores, como los que integraron la asamblea que declaró la autonomía provincial en 1821, o la legislatura provincial, las asambleas constituyentes, como así también el tribunal de justicia.
Advertimos que ahora es el apellido el que capitaliza todo, ya que se concentra en las personas que portan esos apellidos los méritos acumulados no sólo de la época hispánica, sino además de la republicana. La participación en las guerras de la independencia y civiles serán méritos nuevos, valederos, y consolidarán viejos blasones de familias y linajes coloniales.
Esto lo lleva a Félix Luna (1991) a afirmar que familias tradicionales orgullosas de su linaje y conscientes de las contribuciones que habían hecho a las guerras de la Independencia y las civiles, y que ahora se encontraban empobrecidas, consideraban un legitimo derecho a tomar el poder por cualquier medio, aferrarse a él, distribuirlo entre su clientela, asegurar sus resortes y disfrutarlo el mayor tiempo posible.
Si bien la prédica igualitaria de la Revolución de Mayo barrió con los privilegios monárquicos, el poder siguió siendo detentado por la parte más sana y principal, conocedora de su genealogía. El transcurso de casi dos siglos y medio desde la fundación, no lograrían borrar la memoria genealógica. Si bien para levantar información matrimonial se necesitaba conocer en detalle los grados de parentesco, esto es, saber a qué familia, linaje, y en definitiva, grupo social, se pertenecía por herencia, notamos el detalle con que se refleja en los documentos el conocimiento que de esa situación tenían los interesados(7).
Hasta qué punto las alianzas producidas por las uniones matrimoniales de antiguas familias con nuevos miembros de la sociedad significaba un espaldarazo para participar del poder, se observa en un ejemplo claro: si bien el elenco de gobernadores de Catamarca que ocuparon el poder entre la designación del primer gobernador luego de declarada la Autonomía (1821) hasta el Centenario de Mayo (Olmos, 1967; Bazán, 1996) se caracterizaba por descender, en su gran mayoría, del patriciado criollo, ubicamos el caso de José Silvano Daza, que asumió el gobierno de Catamarca en 1885. Daza figura registrado como negro en su partida matrimonial (Azurmendi de Blanco, 1997) y por líneas sanguíneas no se emparentaba con el grupo social que estudiamos. Sin embargo, un oportuno casamiento con Carmen de la Vega y Avellaneda, lo posicionó en el seno del patriciado(8), pues el matrimonio resultaba ser una de las vías más efectivas de acceso al mismo (Gershani Oviedo, 2009a).
Otro ejemplo de haber recibido por parte de sus antepasados una herencia significativa lo tenemos en el gobernador Julio Herrera, que logró capitalizar en su persona el prestigio heredado de sus antepasados, algunos de los cuales pertenecieron al grupo de los 54 vecinos que rubricaron el Acta de la Autonomía, en 1821. Entre los firmantes figuraban su abuelo Andrés de Herrera, sus tíos abuelos Gregorio y Pedro José Segura y Marcos José González, y su tío abuelo político Nicolás de Avellaneda y Tula, entre otros parientes (Gershani Oviedo, 2003).
La continuidad genealógica entre los vecinos fundadores de 1683 y los grupos que ejercieron el poder en Catamarca hasta la primera década del siglo XX queda manifiesta. Esta realidad indica que los integrantes de la elite dirigente que administró la cosa pública desde la fundación de Catamarca (1683), pasando por la Revolución de Mayo (1810), hasta el Centenario (1910), pertenecían al patriciado criollo, cuya célula inicial fue, a nuestro criterio, el plantel del primer cabildo, establecido por el fundador de la ciudad (Gershani Oviedo, 2009a).
Es de destacar que pocos años antes del Centenario, en 1906, un miembro de la elite que estudiamos, Manuel Soria, publicó un “nobiliario” compuesto por aquellas familias “que han servido durante varias generaciones a su patria” y a las que al autor, por esta condición, las caracteriza como “nobles”. Resulta interesante que Manuel Soria, que era descendiente directo de Juan de Soria Medrano, que ocupó cargo en el primer cabildo de San Fernando de Catamarca, en el siglo XVII, se propone a principios del siglo XX, recuperar la memoria genealógica de la “nobleza” catamarqueña, grupo al que pertenece su propia familia, los Soria Medrano(9).
Vemos otro ejemplo del interés de estas familias, entre fines del siglo XIX y principios del XX, por mantener la memoria genealógica sirviéndose de eruditos que escribieron opúsculos sobre sus historias familiares, tal como el folleto que el padre Antonio Larrouy escribe sobre los Herrera. En las primeras décadas del siglo XX, la familia Herrera recupera su genealogía gracias a la pluma de un prestigioso historiador. Se observa el interés de Julio Herrera, que había sido gobernador, legislador nacional y presidente de la Corte de Justicia de Catamarca, por el conocimiento de su historia familiar (Gershani Oviedo, 2009b).

6. Palabras finales

Tenemos entonces que desde la fundación de la ciudad de Catamarca la clase patricia dominó los espacios en el cabildo local. La elite dirigente, que manejó la cosa pública entre la fundación de la ciudad de Catamarca (1683) y la Revolución (1810), pertenecía al patriciado criollo lugareño y, en una actitud de apertura y a través del matrimonio, se incorporaron al grupo, en la segunda mitad del siglo XVIII, unos pocos comerciantes peninsulares, algunos de los cuales lograron amasar considerables fortunas.
Es de destacar que estos grupos familiares, que en la mayoría de los casos hunden sus raíces genealógicas en la fundación de la ciudad de San Fernando de Catamarca, han aportado varios gobernadores a la provincia, en el transcurso de los siglos XIX y XX, y hasta un presidente de la Nación, Nicolás Avellaneda, nieto del primer gobernador de Catamarca, Nicolás de Avellaneda y Tula, y sobrino nieto de Marcos José González, que participó del cabildo abierto de agosto de 1821, que declaró la Autonomía de la Provincia.
Quienes detentaban la actividad económica y el prestigio social perdurarán de manera personal o familiar en el poder político de nuestra provincia, formando intrincadas redes de parentescos consanguíneos o afines. En diferentes épocas (colonial, nacional o independiente) e instituciones (cabildo, legislatura, gobernación, congreso constituyente, convenciones constituyentes reformadoras), con distinto marco político (guerra civil, coaliciones, ligas) y jurisdiccional (provincial, regional o nacional) los grupos familiares de los Herrera, Navarro, Segura, Cubas, Acuña, entre otros, manejaron la cosa pública y los hilos del poder, en alianzas, o no, intra e inter familias.
Así como el gobierno y los puestos públicos eran cotos de algunas familias, patrimonio de la clase gobernante, así también la memoria genealógica era patrimonio de esas familias, que como las de la nobleza, al decir de Binayán (1999), eran quienes se preocupaban por cultivarla y mantenerla vigente
Al finalizar, coincidimos con el autor citado anteriormente cuando afirma que más allá de los vaivenes políticos vernáculos o mundiales, la familia es una entidad en sí misma, no divisible, proyectada desde el pasado, desarrollada en el presente (en cualquier momento que se elija) y proyectada otra vez hacia el futuro, que cultiva el recuerdo de un patrimonio heredado, una historia familiar, en síntesis, una memoria genealógica.

Notas

(1) A dos leguas de la ciudad de San Fernando de Catamarca.
(2) Archivo del Obispado de Catamarca (en adelante A.O.Ct.), Expedientes s/n, Informaciones matrimoniales, 1844 (el subrayado es nuestro).
(3) A.O.Ct. Información Jurídica sobre la Historia de Nuestra Señora del Valle (proyectada en 1761, y levantada en 1764) (en adelante I. J.)
(4)A.O.Ct., I. J., f. 24.
(5)A.O.Ct., I. J., f. 30.
(6)En casi todos los casos, esos mismos testigos identificados como descendientes de vecinos fundadores, conquistadores o pobladores, ocuparon cargos en el cabildo, lo que fortalece nuestra hipótesis de que quienes administraron el poder civil en Catamarca desde su fundación descendían del grupo fundador de la ciudad.
(7)Ya hicimos referencia al caso de Wenceslao Correa (A.O.Ct., Expedientes s/n, Informaciones matrimoniales, 1844). Un año antes de la Revolución de Mayo, en 1809, Mauricio Navarro y Segura inicia expediente para contraer matrimonio con Josefa Molina y Herrera, con quien se halla emparentado, ya que “todas las familias nobles y de honor se hallan emparentadas conmigo cuando no en este grado en otros más inmediatos, lo mismo que sucede con la pretendida por cuyo motivo puede quedar sin casarse” (A.O.Ct., Expedientes s/n, Informaciones matrimoniales, 1809). Un año después de la Revolución, en 1811, Bernabé Gómez y Espeche pretende casar con su pariente Francisca Antonia Molina y Barros, afirmando que “difícilmente podría casarme sin el beneficio de la dispensa, pues estoy emparentado con todas las familias nobles…” (A.O.Ct., Expedientes s/n, Informaciones matrimoniales, 1811, El Alto). Ellos fueron los padres del gobernador Crisanto Gómez, que accedió al poder en 1868.
(8)Resulta sugestivo comentar que el gobernador Daza era "franco y jovial con la plebe", pero "hermético, avinagrado y hosco con los primates de la alta sociedad, a quienes miraba con singular desconfianza" (Soria, 1996).
(9)En su “nobiliario”, Soria desarrolló la genealogía de medio centenar de familias (1906).

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* El presente trabajo fue publicado originalmente con el título "La memoria genealógica como patrimonio de consolidación social. Vínculos parentales de la elite dirigente catamarqueña entre la Revolución y el Centenario (1810-1910)" en CD del V CONGRESO INTERNACIONAL PATRIMONIO CULTURAL 200 AÑOS DE HISTORIA COMPARTIDA, Centro Cultural Canadá Córdoba, Universidad Nacional de Córdoba, Córdoba, 6 al 8 de mayo de 2010.